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Copenhell Día 3

Copenhell Día 3

Crónica del festival

Trivium en Copenhell

DIA 3: CUANDO CADA ESCENARIO CONTÓ UNA HISTORIA DIFERENTE

Después de dos jornadas que habían dejado la vara altísima, el tercer día de Copenhell prometía ser uno de los más variados de toda la edición. La grilla mezclaba bandas consolidadas con nombres en pleno ascenso, el regreso de figuras históricas y propuestas completamente diferentes entre sí. Todo eso bajo un sol abrasador y temperaturas que superaban ampliamente los 30 grados, poniendo a prueba tanto a los músicos como a un público que, lejos de bajar la intensidad, respondió con la misma entrega de siempre.

Los encargados de abrir nuestro recorrido fueron los suecos de Imminence, una banda que todavía no alcanzó la masividad de otros exponentes del metal moderno, pero que viene escalando posiciones de forma constante. Su propuesta gira alrededor de un metalcore pesado, apoyado principalmente en el costado más agresivo del género. El problema es que, más allá de la calidad de la ejecución, cuesta encontrar una personalidad realmente propia. En varios momentos da la sensación de estar escuchando a cualquiera de las tantas bandas que hoy ocupan ese espacio dentro de la escena. Su principal carta de presentación es el uso del violín, un elemento que ocupa un lugar central en la imagen de la banda y que sirve para diferenciarla del resto. Sin embargo, durante el concierto apareció bastante menos de lo que esperábamos. Cuando sonó, aportó un color distinto e interesante, pero quedó la sensación de que todavía podrían explotarlo mucho más y construir una identidad verdaderamente única. Fue un buen show, aunque también dejó la impresión de que Imminence todavía tiene margen para evolucionar y ofrecer algo más arriesgado.

Soilwork en Copenhell

Con el escenario Helviti ya listo para uno de los platos fuertes de la tarde, llegó el turno de Trivium, una banda que hace años viene subiendo escalones hasta consolidarse como uno de los nombres más importantes del metal moderno. No fue producto de la casualidad. Una discografía cada vez más sólida —especialmente en sus trabajos más recientes—, actuaciones en vivo de altísimo nivel y el enorme carisma de Matt Heafy dentro y fuera del escenario hicieron que el grupo alcanzara un lugar de privilegio. Y en Copenhell volvieron a demostrar por qué. Desde el primer tema la banda sonó con una precisión impresionante. Todo estuvo perfectamente ajustado, con una ejecución técnica impecable pero sin perder agresividad ni energía. Más allá del talento individual de cada músico, lo que terminó marcando la diferencia fue la conexión permanente con el público. Matt manejó la audiencia con total naturalidad, mientras el resto del grupo acompañó con una actitud arrolladora que encontró respuesta inmediata en miles de personas cantando, levantando los puños y armando pogos constantes. La producción también aportó lo suyo. Hubo columnas de fuego, lluvia de papeles y un despliegue visual que potenció cada momento del show. Aunque, siendo sinceros, con una sensación térmica superior a los 30 grados cada llamarada se sintió bastante más de lo que probablemente estaba previsto. El repertorio fue corto, pero prácticamente no dio respiro. Down From the Sky, Like Light to the Flies y un cierre demoledor con In Waves terminaron de confirmar que Trivium atraviesa uno de los mejores momentos de toda su carrera. El único detalle negativo fue un volumen de sonido algo bajo para una banda de semejante potencia. Aun así, estuvo muy lejos de opacar uno de los recitales más completos de toda la jornada.

P.O.D. en Copenhell

Después de semejante descarga de energía, era momento de cambiar completamente de clima. El escenario Hades recibía a P.O.D., otro de los protagonistas del revival que vive el nü metal desde hace algunos años. Los estadounidenses ofrecieron un recital correcto, entretenido y efectivo, aunque nunca alcanzó la intensidad que suelen generar otras bandas representativas del género. Gran parte del peso del espectáculo recayó sobre Sonny Sandoval y Marcos Curiel, quienes sostuvieron la presencia escénica durante todo el concierto. En cambio, tanto el bajista como el baterista tuvieron una participación mucho más discreta, algo que también hizo que el show perdiera un poco de fuerza visual. A eso se sumó una producción bastante austera, sin una escenografía o elementos que ayudaran a potenciar la puesta en escena. El sonido cumplió sin sobresalir demasiado, pero cuando empezaron a sonar himnos como Boom y Alive, cualquier análisis técnico pasó a un segundo plano. El público explotó inmediatamente y convirtió esos minutos en los más intensos del recital, recordando que, aunque el tiempo haya pasado, P.O.D. todavía conserva canciones capaces de encender cualquier festival.

A Perfect Circle en Copenhell

Sin embargo, lo que vendría a continuación ofrecería una experiencia completamente distinta. Mientras Hades apostaba por la adrenalina, Helviti se preparaba para recibir uno de los shows más atmosféricos y elegantes de todo Copenhell: el esperado regreso de A Perfect Circle. Si P.O.D. había apostado por la energía y los himnos del nü metal, lo de A Perfect Circle fue exactamente lo contrario. Más que un recital, el grupo liderado por Maynard James Keenan ofreció una ceremonia. Un viaje introspectivo donde cada canción parecía pensada para envolver al público en una atmósfera casi hipnótica. La música, las visuales y la iluminación construyeron un espectáculo elegante, de esos que invitan más a contemplar que a desatar un pogo. Lamentablemente, hubo un enemigo imposible de esquivar: el horario. Ver una propuesta tan oscura y envolvente bajo el sol abrasador de las 18:30 le quitó parte del impacto. Es difícil no imaginar cuánto más habría brillado este mismo show entrada la noche, cuando el festival adquiere ese aire mucho más místico que tanto favorece a bandas de este estilo. Más allá de ese detalle, la ejecución fue sencillamente brillante. El sonido fue uno de los mejores de todo el festival, con una claridad impecable que permitió apreciar cada matiz de una banda que vive precisamente de esos pequeños detalles. Todos los músicos estuvieron a un nivel altísimo, con una mención especial para el guitarrista, que realizó un trabajo exquisito durante toda la presentación. Y, por supuesto, Maynard volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los cantantes más particulares e influyentes del rock y el metal. Sin excesos ni grandes discursos, dominó el escenario únicamente con su presencia y una interpretación vocal impecable. El repertorio también dejó conformes tanto a los seguidores más fieles como a quienes buscaban los grandes clásicos. Hubo espacio para canciones menos habituales como Rose y Disillusioned, además de infaltables como Weak and Powerless, The Outsider y un emotivo cierre con Judith, que terminó de coronar una de las actuaciones más refinadas de toda la jornada.

Neckbreakker en Copenhell

Pero si A Perfect Circle había invitado al público a mirar hacia adentro, el siguiente recital se encargó de devolver a todos a la realidad de la forma más violenta posible. Los jóvenes daneses de Neckbreakker tomaron el escenario Hades y durante una hora arrasaron con todo a base de un death metal moderno, cargado de groove y una agresividad demoledora. Lo que ocurrió frente al escenario fue, sin exagerar, el pogo más grande que vimos en todo el festival. Llegó un punto en el que prácticamente ya no había lugar para la enorme cantidad de gente que quería sumarse al mosh pit. La banda respondió a semejante locura con un recital demoledor. El sonido fue impecable y la producción estuvo varios escalones por encima de lo que uno esperaría para un grupo tan joven. Humo, llamaradas y explosiones de papel acompañaron una descarga constante de riffs pesadísimos que no dio un segundo de respiro. Resulta sorprendente pensar que músicos con tan poca trayectoria ya hayan compartido escenarios con the likes of Slayer y girado como soporte de Gojira. Viendo una actuación como la de Copenhell, se entiende perfectamente por qué tantas miradas empiezan a posarse sobre ellos. Si continúan creciendo a este ritmo, todo indica que Neckbreakker tiene condiciones para convertirse en uno de los grandes nombres de la nueva generación del metal extremo.

Con el festival ya entrando en su recta final, llegaba el momento de cubrir el inesperado vacío que había dejado la cancelación de Twisted Sister. La organización optó por convertir ese contratiempo en una celebración, armando un espectáculo especial por los quince años de vida de Copenhell. Así nació 15 Years of Copenhell, un show colectivo donde fueron desfilando músicos, en su mayoría daneses, junto con algunos invitados internacionales de renombre como Gus G. y Joey Belladonna. La propuesta fue relajada y festiva, más cercana a una gran reunión entre amigos que a un recital tradicional. También hubo lugar para un DJ set entre las distintas participaciones, manteniendo siempre el clima de celebración. No faltaron clásicos capaces de hacer cantar a todo el predio, como We're Not Gonna Take It, No More Tears, Paranoid y varios himnos más que funcionaron como banda sonora perfecta para homenajear la historia del festival. Fue un espectáculo simpático, con mucho entusiasmo por parte de todos los participantes y un público dispuesto a acompañar cada canción. Sin embargo, nunca dejó de sentirse como lo que realmente era: una solución de emergencia para cubrir la ausencia del headliner. Sirvió para pasar un muy buen rato y celebrar el aniversario de Copenhell, pero difícilmente alguien lo recuerde como uno de los grandes momentos musicales del fin de semana.

Anthrax en Copenhell

Y cuando parecía que la noche ya había entregado todo lo que tenía para ofrecer, todavía quedaba una última descarga de thrash metal de la mano de una verdadera institución del género. La decisión, eso sí, no sería nada sencilla. La última gran decisión del día fue también la más dolorosa. El cronograma obligó a elegir entre Anthrax en Hades y Gaerea en Pandaemonium. Dos propuestas completamente distintas, pero igual de tentadoras. Finalmente nos inclinamos por los neoyorquinos, y la elección terminó siendo un pleno. Anthrax salió al escenario con una sola misión: divertirse y hacer que todo el público se divirtiera con ellos. Desde el primer minuto quedó claro que no iban a complicarse la vida con artificios. Lo suyo fue una descarga directa de thrash metal, apoyada en un repertorio que mezcló clásicos inevitables con algunas sorpresas para los seguidores de toda la vida. En apenas doce canciones repasaron himnos como "Caught in a Mosh" y "Among the Living", hicieron estallar al público con "Madhouse" y "Antisocial", rescataron una joya menos habitual como "Keep It in the Family" e incluso sorprendieron con el estreno en vivo de "It's for the Kids". Fue un set corto, pero tan bien armado que prácticamente no dio respiro. El sonido acompañó de principio a fin con una potencia demoledora, permitiendo disfrutar cada riff y cada golpe de batería. Justamente el baterista suplente fue uno de los grandes protagonistas de la noche, ofreciendo una actuación impecable que sostuvo el recital con una energía impresionante. Scott Ian, como siempre, fue un motor inagotable sobre el escenario, mientras Joey Belladonna volvió a demostrar que el paso del tiempo parece no afectarle demasiado. Pero si hay algo que distingue a Anthrax del resto del Big Four es la sensación de felicidad que transmiten arriba del escenario. No importa cuán agresiva sea la música: siempre da la impresión de que los cinco están disfrutando cada segundo y logran contagiar esa misma emoción al público. El resultado fue un Hades convertido en una auténtica fiesta de thrash metal, con pogos constantes, crowdsurfers volando de punta a punta y miles de personas cantando cada estribillo hasta quedarse sin voz.

Así terminó un tercer día que probablemente haya sido el más diverso de toda la edición. Desde el metalcore contemporáneo de Imminence hasta la precisión demoledora de Trivium; del viaje introspectivo de A Perfect Circle a la violencia desatada de Neckbreakker; de la nostalgia del nü metal con P.O.D. a la celebración por los quince años de Copenhell y el cierre explosivo de Anthrax. Pocas veces un mismo festival consigue recorrer tantos matices sin perder su identidad. Pero lo mejor todavía estaba por llegar. El cuarto y último día prometía despedir Copenhell 2026 con una alineación de lujo, grandes nombres internacionales y varias de las actuaciones más esperadas de todo el fin de semana. Después de tres jornadas inolvidables, solo quedaba una pregunta: ¿podría el festival superarse una vez más antes de bajar definitivamente el telón?

Por Ignacio Azzarita
Fotos: Matías Zorrilla
Agradecimientos: a todo el staff del Copenhell por tratarnos tan bien y siempre activos ante cualquier requerimiento.